23.3.13

Covenant #3: Deity, de Jennifer Armentrout. CAPÍTULO 8 en español.


CAPÍTULO 8
Capítulo 7

Más tarde esa noche, cuando estaba medio dormida, oí el familiar click de mi puerta abriéndose. Me apoyé en el codo, quitándome el desorden de cabello del rostro. El leve temblor que me bajó por la espina dorsal me anunció que era Seth. Los seguros no tenían nada que hacer con él; o los derretía o usaba el elemento aire para abrirlos desde el otro lado.

Se detuvo justo bajo el umbral. Sus ojos eran un brillo tenue leonado en la oscuridad.

Sorprendida de verlo, me tomó unos segundos poder decir algo. “No deberías estar en mi dormitorio a estas horas, Seth”.

“¿Acaso eso nos ha detenido antes?”, se sentó en el borde de mi cama y pude sentir su mirada sobre mí. “Has estado de mucho mejor humor esta tarde”.

“Y yo que pensaba que estaba mejorando es eso de bloquearte”.

“Lo estás. Lo hiciste muy bien en la práctica hoy.”

“¿Por eso estás aquí?”, oí que se quitaba los zapatos. “¿Porque ahora es menos probable que te tire comida?”

“Quizás”. Pude oír la sonrisa en su voz.

“Estaba empezando a creer que tu cama te parecía más atractiva”.

“Me extrañaste”.


Me encogí de hombros. “Seth, sobre Jackson…”

“Ya te lo dije. No tuve nada que ver. ¿Y por qué haría yo algo tan, tan malo?”

“No sé por qué. ¿Quizás porque eres un psicópata?”

Seth se rió. “’Psicópata’ es una palabra un poco extrema. Eso sugeriría que no me siento culpable por mis acciones”.

Arqueé una ceja. “Ése es mi punto”.

Cuando jaló el cubre lecho, me deslicé y lo vi cubrirse las piernas. Se hizo de lado, encarándome. “Sabes que tengo guardias. Sabrán que estás aquí”.

“Me crucé con Linard cuando entré”. Empujó un mechón de pelo que había caído en mi mejilla, poniéndolo detrás de mi oreja. Su mano se quedó ahí. “Me dijo que estaba rompiendo las reglas. Le dije que se jodiera”.

“¿Y qué respondió?”

La mano de Seth cayó en mi hombro, cubriendo la delgada tiranta de mi camiseta. El lazo dentro de mí empezó a ronronear suavemente. “No se puso contento. Me dijo que iba a reportárselo a Marcus”.

Mi corazón saltó un poco. No dudaba que eso significaba que Aiden se iba a enterar, Aiden ya debía conocer los hábitos de dormir de Seth. Nudos se formaron en mi estómago y miré a Seth. No estoy con Aiden. No estoy con Aiden. No estoy haciendo nada malo. La tensión todavía tensionaba mis músculos.

“No es como si Marcus pudiera evitarlo”. Se inclinó y me recostó suavemente hasta que estuve de espaldas. Sus dedos se deslizaron bajo el tirante y temblé cuando sus ásperos nudillos rozaron mi clavícula. “Sólo es el Decano”.

“Y mi tío”, señalé. “Dudo que le guste la idea chicos durmiendo en mi cama”.

“Hmm, pero no soy sólo cualquier chico”. Inclinó su cabeza. Su cabello cayó, tapando su rostro. “Soy el Apollyon”.

Mi pecho aumentó bruscamente. “Las reglas… todavía se aplican a ti y a mí”.

“Ah, me acuerdo de una chica que no podría seguir ni una sencilla regla aunque su vida dependiera de ello.” Ladeó su cabeza haciendo que su nariz rozara la mía. “Y creo que lo que estamos haciendo, ahora mismo, es la regla menos escandalosa que has roto.”

Me ruboricé mientras ponía mis manos en su pecho, impidiendo que cruzara el par de centímetros que nos separaban. “La gente cambia”, dije sin mucha convicción.

“Algunos sí”. Puso su brazo al lado de mi cabeza, apoyándose en él.

El lazo estaba empezando a volverse loco, demandando que le prestara atención. Los dedos de mis pies se curvaron. “¿Viniste a hablar de las reglas que he roto o qué?

“No. De hecho tenía una razón para venir.”

“¿Y esa es?, me retorcí incómodamente, tratando de ignorar la forma en que mi piel, especialmente las palmas de mis manos, empezó a picar. Gracias a dios tenía una camisa puesta.

“Dame un segundo”.

Fruncí el ceño. “¿Por qué…?”

Seth bajó su cabeza, rozando sus labios con los míos y estar atrapada entre querer cerrar mi boca o abrirla para él era un sentimiento frustrante. Moría por estar cerca de él tanto como moría por alejarme.

“¿Es por… por eso que viniste?” pregunté cuando alzó la cabeza.

“No era la verdadera razón”.

“¿Entonces por qué…?” Su boca interrumpió mis palabras y el beso se profundizó, ahogando mis protestas. El lazo se intensificó mientras su mano bajaba por mi brazo, sobre mi estómago y bajo el borde de mi camiseta.

Sonrió contra mis labios. “Tengo que viajar con Lucian durante el receso de invierno. No volveré hasta finales de febrero.”

“¿Qué?”, el zumbido del lazo estaba volviéndose excesivo, haciendo que fuera difícil concentrarse. Estaba algo sorprendida de que se fuera tan cerca de mi cumpleaños número 18 porque me había imaginado que acamparía dentro de mi habitación hasta que Despertara. “¿A dónde vas?”

“Al Covenant de New York”, respondió, deslizando su otra mano dentro de mi cabello. “Ha habido algunos problemas que demandan la atención del Concejo”.

Un poco del mareo cedió. “Quiero ir contigo. Mi padre está…”

“No, no puedes ir. No estás segura allá.”

“No me interesa. Quiero ir. Tengo que ver a mi padre.” Por la mirada de Seth, sabía que no estaba convenciéndolo. “Estarás ahí. Nada va a pasar. Y estaré menos segura aquí sin ti”. Me dolió decir esas últimas palabras pero tiré el orgullo por la ventana. Ver a mi padre era lo que importaba.

Los labios de Seth se curvaron, disfrutando ésa caricia a su orgullo. “Marcus le ha asegurado a Lucian que estarás bien protegida. Tu querido pura-sangre se cortaría las venas antes de permitir que algo te pasara.”

Lo miré con la boca abierta.

“¿Qué?”, subió su mano hasta que descansó bajo mis costillas. “Es la verdad. Y Leon y Linard estarán aquí, cuidándote. Estarás bien.”

No tenía miedo de que me dejara sola. Sólo quería ver a mi padre. “Seth, tengo que ir”.

Besó mi labio inferior, que había cicatrizado sólo un poco. “No, no tienes que hacerlo. Y no irás. Ni siquiera yo podría lograr que Lucian accediera a llevarte de nuevo a ese agujero infernal.”

Mi mente se aceleró frenéticamente, intentando hallar una manera de convencerlo.

“Y ni siquiera pienses en escaparte porque todo el mundo espera que lo hagas. No creo que pueda sentir mucho de ti ya que estaremos muy lejos, pero desde el momento en que me vaya alguien te estará vigilando. Así que ni lo pienses. En serio.”

“No necesito una maldita niñera”.

“Sí, la verdad es que sí.” Sus labios encontraron mi barbilla a continuación. “La chica que no podría seguir las reglas aunque su vida dependiera de ello todavía está dentro de ti”.

“Eres un imbécil”.

“Me has llamado cosas peores, así que lo tomaré como un cumplido”. Sonrió aunque sabía que sentía la furia creciendo dentro de mí.

“¿Cuándo te vas?”, pregunté, tratando de mantener mi voz firme.

“Me voy el sábado por la noche, así que estás completamente atrapada conmigo hasta entonces”. Besó el hueco de mi garganta.

“Genial”, murmuré. Las clases se suspenderían el miércoles. Casi todos los puros se iban a lujosas vacaciones, lo que significa que la mayoría de Guardias se irían, protegiéndolos. Algunos de los mestizos estarían por ahí, cualquiera que todavía estuviera en contacto con un padre mortal o uno pura-sangre. Todavía existía la posibilidad de que me pudiera escapar, pero ¿cómo diablos iba a llegar a New York? Ni siquiera tenía licencia de conducir, pero ése era el menor de mis problemas.

Tendría que llegar a New York sin que me mataran en el proceso.

Seth me besó de nuevo y debatí si jalar un puñado de su cabello mientras que el lazo hacía su mejor esfuerzo por ahogarme.

“¿Por qué tienes que ir, de todas formas?” pregunté cuando tomó una pausa. Necesitaba algo -cualquier cosa- en la que concentrarme que calmara el lazo que se seguía tensando y tensando.

Él entrelazó mechones de mi pelo alrededor de sus dedos. “Hay un problema con los… sirvientes en las Catskills”.

“¿Qué?”, el miedo floreció en mi estómago, creciendo tan rápido como una mala hierba. “¿Qué quieres decir?”

“Algunos de ellos desaparecieron luego del ataque. Sus cuerpos no fueron encontrados y ningún daimon escapó.” Otro beso rápido y profundo antes de que hablara de nuevo. “Y algo parece estar mal con el elixir”.

“¿Sabes algo de los que desaparecieron?”, cogí su muñeca antes de que su mano subiera más arriba bajo mi camiseta.

“No creo que tu padre esté entre los desaparecidos, pero apenas pueda confirmarlo te lo haré saber”. Se inclinó y ya que yo había agarrado su muñeca no había forma de impedírselo. “No quiero seguir hablando. Voy a estar fuera por semanas”.

Su peso me hacía extremadamente feliz y luché por poner atención. “Seth, esto… esto es importante. ¿Qué pasó con el elixir?”

Suspiró. “No lo sé. No parece que esté funcionando tan fuertemente”.

“¿Tan fuertemente?”

“Sí, los mestizos… se están volviendo autoconscientes. Como los computadores en Terminator”.

Extraña comparación, pero entendí a lo que se refería. Y wow, algo serio estaba pasando. El elixir era una mezcla de hierbas y químicos que servían para mantener a los mestizos complacientes y drogados. Sin él, dudaba que los sirvientes estuvieran muy contentos con su vida. “Parece que aquí está funcionando”.

“Ése es el problema. Está funcionando en todas partes menos allá. El Concejo quieres que nos aseguremos de que nada pase en New York, especialmente después del ataque.”

“¿Pero tú por qué tienes que ir?”

“No lo sé, Alex. ¿Podemos hablar de esto luego?”, me miró, sus ojos brillando. “Hay otras cosas que quiero hacer”.

El lazo zumbó en señal de aprobación.

“Pero…”

Seth me besó de nuevo y la mano en mi estómago hizo presión. Solté su muñeca intentando quitármelo de encima, pero en cambio agarré su camisa. El aire alrededor de nosotros parecía crepitar. Había algo creciendo dentro de mí, una advertencia de que el maldito lazo estaba tramando algo para nada bueno.

Sentí el lazo surgir a la superficie antes de que abriera mis ojos. Luces azules y ámbar emitían extrañas sombras a lo largo de la pared de mi cuarto. Me quedé paralizada por un segundo. Era tan raro que nosotros fuéramos los responsables. Que incluso vinieran de nosotros.

Me hizo panickear un poco.

Pero la mano libre de Seth estaba por todas partes, bajando por mi brazo, sobre mi pierna, y nuestros lazos estaban girando juntos, conectándonos. Mis dedos aferraron su camiseta y estaba acercándolo en un segundo y alejándolo después.

De repente, la piel bajo su palma quemó. Pequeños pinchazos de dolor me quitaron la respiración. Sentí el murmullo creciendo en mi estómago, akasha pasando entre los lazos. Un breve lapso de sanidad me recordó lo que había pasado la última vez que nos habíamos tocado. Ambos, moviéndonos juntos en la cama, y había menos ropa para quitar esta vez.

El pánico clavó sus garras en lo más profundo de mí. No estaba lista para esto, con Seth. Soltando su camisa, lo empujé lo suficiente para poder salir de debajo de él rompiendo la conexión. Me puse de rodillas, aferrando mi estómago.

“Eso… dolió”.

Seth se veía mareado.  “Lo siento, sólo pasó”.

Con las manos temblando, levanté mi camiseta para ver lo que sospechaba que estaría ahí. Centrada sobre mi ombligo, justo bajo mis costillas había una marca brillante que parecía dos chulos[1] unidos en la punta.

“La marca del poder de los dioses”, susurró Seth sentándose. “Maldita sea, Alex, esta es una grande. Mañana deberíamos intentar explotar algo. Sé que apestaste haciéndolo la primera vez pero seguro que ahora sí funciona”.

No podía creer lo rápido que pasaba  de querer poner las manos a la obra a querer explotar algo. Seth parecía más emocionado por la runa que por cualquier otra cosa. Diablos, sus ojos tenían esa mirada loca de nuevo.

Puso sus manos alrededor de la marca reverentemente. “Hay cuatro marcas que aparecen primero: coraje, fuerza, poder e invencibilidad. Pero la del poder, esa es akasha. ¿Ves cómo está aquí?” Intentó tocar la marca pero yo me alejé. Frunció el ceño. “De todas formas, de ahí es de donde viene tu poder”.

También era donde el lazo dormitaba cuando no estaba intentando convertirme en una hormona gigante. “¿Qué pasa cuando tienes la cuarta marca?”

Seth pasó una mano por su pelo, quitándolo de su cara. La luz de la luna traspasó las persianas, cortando su rostro. “No lo sé. Las mías vinieron todas a la vez, pero aparecieron en ése orden: en ambas palmas, en el estómago y luego en la parte de atrás de mi cuello. Luego en todas las demás partes”.

Mi boca se sentía seca de repente. Dejé caer mi camiseta y fui hacia el borde de la cama. “¿Crees que voy a Despertar antes si la cuarta aparece?”

Alzó la mirada. “No lo sé, pero ¿sería tan malo?”

El mareo me invadió.

“Quizás deberíamos dejar de… tocarnos o lo que sea hasta que cumpla los 18”.

“¿Qué?”

“Seth, no puedo Despertar antes de lo previsto”.

Negó con la cabeza. “No lo entiendo, Alex. Las cosas serán mucho mejores cuando Despiertes. No tendrías que preocuparte por Telly o por las furias. Diablos, ni siquiera los dioses nos podrán poner un dedo encima. ¿Cómo eso no es algo bueno?”

No lo era porque una vez que Despertara había una gran posibilidad de que me perdiera a mí misma en el proceso. Seth me había advertido hace tanto que sería como dos mitades uniéndose, que lo que sea que él quisiera colorearía mis elecciones y decisiones. No tendría control sobre mí o sobre mi futuro.

Y Aiden había tenido razón ése día en la cámara de privación sensorial. Me aterrorizaba.

“Alex.” Seth tomó mi mano con gentileza, amablemente. “Que Despiertes ahora sería lo mejor para… nosotros. Podríamos incluso intentarlo. Ver si podemos hacer que aparezca la cuarta marca. Quizás nada pase después de eso. Quizás Despiertes”.

Liberé mi mano. El anhelo en su voz me asustaba.

“¿Estás… estás haciendo esto a propósito, Seth?”

“¿Haciendo qué?”

“¿Tratando de que Despierte antes al tocarme o lo que sea?”

“Te estoy tocando porque lo disfruto”, luego intentó acercarse de nuevo pero quité su mano. “¿Cuál es tu problema?”, preguntó.

“Lo juro por los dioses, Seth. Si estás haciendo esto a propósito te destruiré.”

Seth frunció el ceño. “¿No crees que estas siendo un poco melodramática?”

“No lo sé”. Y la verdad no lo sabía. Mis palmas hormigueaban, mi estómago ardía y el lazo estaba finalmente calmándose. “No has hecho nada conmigo excepto entrenarme en semanas, y luego apareces de repente todo quisquilloso y sensitivo. ¿Y luego esto?”

“Estaba quisquilloso y sensitivo porque estaré fuera por semanas”. Seth salió de la cama, levantándose en un movimiento fluido. “Y realmente no estaba evitándote. Sólo estaba dándote algo de espacio”.

“¿Entonces por qué viniste aquí esta noche?”

“Cualquiera que haya sido la razón, claramente fue un error.” Se agachó a recoger sus zapatos. “Aparentemente sólo estoy aquí por mis planes nefastos.”

Me bajé de la cama, abrazándome el pecho. ¿Estaba siendo paranoica? “¿Qué estás haciendo?”

“¿Qué parece que estoy haciendo? No quiero estar donde no me quieren.”

Un sentimiento incómodo empezó a revolverse en mis adentros. “¿Entonces por qué viniste si… no era por eso?”

Levantó su cabeza, sus ojos una furiosa sombra ocre. Como un león que ha sido arrinconado, atrapado entre querer correr y atacar. “Te extrañaba, Alex. Ése es el porqué. ¿Alguna vez se te ocurrió?”

Oh, oh dioses. La culpabilidad hizo que me ruborizara. Ni siquiera lo había pensado. Me sentí como la peor clase de perra.

Un segundo pasó y algo brilló en sus ojos. “Es Aiden, ¿verdad?”

Mi corazón tartamudeó.

“¿Qué?”

“Siempre se trata de Aiden.” Se rió, pero no había humor en su risa.

Esto no era sobre Aiden, no tenía nada que ver con él. Esto se trataba de Seth y de mí, pero antes de que pudiera decir una palabra Seth desvió la mirada.

“Supongo que te veré cuando regrese”. Empezó a dirigirse a la puerta. “Sólo… sólo ten cuidado”.

“Mierda”, susurré. Corrí alrededor de la cama bloqueando la puerta. “Seth…”

“Quítate de mi camino, Alex”.

Sus palabras me dolieron pero respiré hondo. “Mira, todo esto de las marcas y el Despertar me asusta. Lo sabes pero… pero no debí haberte acusado”.

No hubo ningún cambio en su expresión. “No, no debiste hacerlo”.

“Y esto no tiene nada que ver con Aiden.” No tenía nada que ver, o al menos eso era lo que me seguía diciendo a mí misma mientras agarraba su mano libre, y él se estremecía. “Lo siento, Seth”.

Miró fijamente algo detrás de mí, sus labios tensos.

“Realmente lo siento.” Solté su mano y puse mi cabeza contra su pecho. Cuidadosamente, envolví mis brazos a su alrededor. “Es sólo que no quiero convertirme en alguien más”.

Seth inhaló bruscamente. “Alex…”

Cerré mis ojos. Con o sin lazo, sí me preocupaba por él. Era importante para mí y quizás había más en lo que sentía por él que lo que el lazo me hacía sentir. Quizás era que me preocupaba por él como me preocupaba por Caleb. En cualquier caso, no quería herir sus sentimientos.

Dejó caer sus zapatos y deslizó sus brazos a mi alrededor. “Me vuelves loco”.

“Lo sé”, sonreí, “el sentimiento es mutuo”.

Se rió y luego rozó mi frente con sus labios. “Vamos”, empezó a jalarme hacia la cama.

Me quedé un poco atascada. No herir sus sentimientos no era lo mismo que terminar con una marca en la nuca.

Seth se dejó caer, tirando de mí. “A dormir, Alex. Nada más… a menos que….”, su mirada cayó a mi camiseta. “Sabes, deberías usar eso más a menudo. Deja muy poco a la imaginación, lo que me agrada”.

Ruborizándome hasta las puntas del cabello, me subí rápidamente y me cubrí con las cobijas hasta el mentón. Puso un brazo alrededor de mi cintura, acercándome. Su respiración era estable. No como la mía, que parecía estar compitiendo con los latidos de mi corazón. Y él sonreía suavemente, como si no acabáramos de discutir.

“Eres un pervertido”, le dije por millonésima vez.

“Me has llamado cosas peores”.

Y tuve el presentimiento de que probablemente lo haría en el futuro, también.



[1] Se refiere a un símbolo como el swoosh de Nike. No conozco otra palabra y no sé si se usa fuera de mi país.

4 comentarios:

  1. (Voz de desesperacion)¿Porque, porque?Es un capítulo demasiado corto.

    P.D:Muchas gracias por traducir el libro. :)

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  2. gracias por el capitulo, OHHHHH me encanta seth están lindo, lastima que el capitulo es corto, GRACIAS!!!!!!!!!

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  3. esto se pone cada vez mejor!
    Gracias por la traducción!! :D

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